La Democracia Clásica de Atenas

Hoy en día casi todas las personas dicen ser demócratas. Se tenga una postura de izquierda, de centro o de derecha, existe un amplio consenso a nivel global respecto a las ventajas de los gobiernos democráticos por sobre los regímenes autoritarios y/o totalitarios. Si bien ninguna democracia es perfecta, parece ser preferible a cualquier otra forma de organización y dota de legitimidad a las decisiones de la vida política moderna. Sin embargo, la extensa adherencia que observamos en la actualidad hacia la democracia tiene una trayectoria histórica relativamente breve (menos de cien años) y los Estados democráticos contemporáneos son muy distintos al modelo democrático de la Antigua Grecia.

En efecto, a lo largo de la historia el modelo de gobierno democrático ha sido ampliamente cuestionado. Incluso en sus orígenes, la democracia se vio enfrentada a la crítica de pensadores políticos de peso, como Platón o Aristóteles. Pues bien ¿En qué consiste esto que llamamos democracia?

La Ciudad-Estado Clásica

La palabra democracia proviene del griego démokratia, cuyas raíces son demos (pueblo) y kratos (gobierno). Democracia significa, por tanto, una forma de gobierno en la que el pueblo ejerce la autoridad política. A diferencia de la monarquía y de la aristocracia, por ejemplo, la democracia instituye el principio de la igualdad política entre los ciudadanos.

Escuela de Atenas – Rafael Sanzio

La democracia se implementó de forma exitosa por primera vez en el Siglo VI A.C. en Atenas, Grecia. Sin embargo, en la época clásica, la organización política de las comunidades griegas era muy distinta de la que actualmente conocemos. Atenas, como Esparta o Corinto, era una «polis».

En su sentido clásico, la palabra polis significa “un Estado autónomo que se gobierna a sí mismo”. Las póleis (plural para polis) eran comunidades de pequeña extensión territorial y con pocos habitantes en comparación a las ciudades modernas.

La palabra polis, por supuesto, no designa una estructura de gobierno determinada. Una polis puede ser una democracia, una tiranía u oligarquía. En efecto, fueron muy pocas las comunidades políticas clásicas que, como Atenas, llegaron a gobernarse de forma democrática.

Una polis tampoco es un lugar determinado. En su esencia, una polis designa al conjunto del pueblo actuando en común acuerdo y por medio de reuniones en asambleas que les permiten discutir y buscar soluciones a sus problemas.

Durante la época clásica, la principal condición para reconocer la existencia de una polis era la autarquía: la capacidad de la comunidad de bastarse a sí misma. Vale decir, su habilidad para satisfacer sus propias necesidades y conservar su autonomía política.

Los Principios de la Democracia Ateniense

Cada polis contaba con sus propias reglas de administración y sus propias leyes, según aquello que sus ciudadanos considerasen era lo más conveniente para su vida. Y aun cuando la democracia de Atenas fue una solución radicalmente distinta a la forma de vida de Esparta, por ejemplo, en la polis siempre abundaron los “exclusivismos”.

Templo de la Acrópolis de Atenas

El debate político en la democracia de Atenas tuvo lugar dentro de un círculo ciudadano reducido, en comparación con el resto de la población que habitaba la polis.

Para ser ciudadano de Atenas, era requisito ser un hombre libre nacido en el seno de la comunidad política. Es por ello por lo que se les negaban los derechos políticos a los extranjeros, las mujeres, los niños y los esclavos. Así, la comunidad ciudadana propiamente tal (el demos) estaba constituida, más bien, por una minoría.

Aun cuando el poder político estaba concentrado en las manos de una minoría, este poder era absoluto y gobernaba sobre la vida individual y colectiva de todos los habitantes de la polis.

Los ciudadanos de Atenas se consideraban libres e iguales porque eran gobernados solo por aquellas reglas que se daban a sí mismos. En este sentido, los atenienses se sentían orgullosos de llevar una forma de vida ordenada bajo una ley común para todos. La medida de su libertad era esta, el hecho de que la comunidad de hombres fuese la fuente del poder que les gobernaba a todos por igual.

Así, la democracia ateniense se caracterizó por estar regida por dos principios constitutivos. El primero, la Eunomía: la vida ordenada según la ley. El segundo, la Isonomía: la igualdad de derechos políticos.

Asamblea, Sorteo y Ostracismo

En Atenas los ciudadanos fueron libres de dedicarse a las actividades políticas gracias a su posición acomodada. La mayoría de los ciudadanos vivían de las rentas de sus propiedades o de sus negocios (administrados usualmente por esclavos de confianza).

La existencia de una gran cantidad de hombres desocupados de las actividades económicas fue un factor importante que hizo posible el surgimiento del gobierno democrático ateniense.

La principal institución de gobierno de la democracia ateniense era la Asamblea (ecclesia). La Asamblea se reunía frecuentemente y en ella podía participar todo ciudadano varón mayor de 18 años. Si bien solo una parte del demos acudía a cada sesión de este órgano, sus resoluciones quedaban reconocidas legalmente como actos del pueblo completo.

La clave de la democracia ateniense, por tanto, fue la participación directa de los ciudadanos en las instituciones políticas. Todos los ciudadanos tenían derecho a asistir a las reuniones y, además, a intervenir en la deliberación y discusión de sus asuntos.

Usualmente, los asuntos a tratar en la Asamblea eran preparados con anticipación por un Consejo de 500 miembros (boulé) elegidos anualmente por medio de un sorteo. Existieron, también, numerosos cargos oficiales de diversa importancia (magistraturas) y la mayoría de ellos eran electos de la misma forma: por sorteo y con duración de un año.

Entre los diversos cargos de autoridad no existía jerarquización alguna y quienes los desempeñaban eran responsables de su gestión directa y únicamente ante el mismo demos (ya sea ante el Consejo, la Asamblea o los Tribunales).

Este sistema fue el fruto de una evolución que duró décadas y se completó gracias a las leyes promovidas por Clístenes y Pericles. El eje en torno al cual se configuró el mecanismo completo de la democracia ateniense fue la elección por sorteo, además del pago por el desempeño de las funciones públicas (lo que permitía a los ciudadanos más pobres acceder a cargos políticos).

Las sesiones de la Asamblea ateniense se celebraban al aire libre, en lo alto de una loma llamada Pnix, cercana a la Acrópolis. En ella se reunían miles de ciudadanos para debatir y decidir sobre los asuntos que se presentasen.

Así, la Asamblea era una concentración de masas y, por tanto, dirigirse a ella requería adiestrarse en el arte de la oratoria. Es por este motivo que la democracia ateniense sufrió en reiteradas ocasiones críticas y reproches condenatorios. En efecto, en ella aparecieron frecuentemente los demagogos, quienes halagaban al demos a expensas del interés común.

Por último, la Asamblea también contaba con la potestad de exiliar políticamente a sus miembros. Este particular dispositivo, denominado ostracismo, implicaba el destierro de un miembro de la comunidad durante un periodo de diez años y fue empleado para acallar a determinadas figuras políticas que eran percibidas como una amenaza para la comunidad en general o para el sistema democrático en particular.

Como es evidente, la democracia ateniense no fue un sistema político sin deficiencias. En ella se dieron múltiples casos de represión, calumnias y comportamientos irracionales o brutales. Pese a esto, dichos incidentes no fueron más que episodios controvertidos durante una época en la que Atenas floreció notablemente y durante la que predominó la paz.

Durante décadas, Atenas mantuvo un equilibrio interno envidiable y pudo evitar la guerra civil o stasis (que era bastante frecuente en la península griega). Su éxito político y su crecimiento económico unificaron a la polis y permitieron una prosperidad nunca antes vista en la Grecia Antigua.

Este artículo se basa, principalmente, en las siguientes fuentes de información:

Held, D. (1997). Modelos de Democracia (Alianza Editorial).

Finley, M.I. (1975). Los griegos de la antigüedad (Nueva Colección Labor).

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