Nueva derecha radical ¿está en riesgo la democracia?

El ascenso de partidos políticos y líderes de derecha radical en las últimas décadas constituye uno de los cambios más significativos en el panorama político global de los Estados modernos.

Desde la elección de Donald Trump en 2016 en Estados Unidos (y su potencial reelección durante la votación que se llevará a cabo esta semana), pasando por el surgimiento y consolidación del Frente Nacional en Francia (dirigido por Marine Le Pen), hasta la victoria de Jair Bolsonaro en Brasil en 2019, los partidos y movimientos de derecha radical han alcanzado niveles de influencia nunca antes vistos.

¿A qué se debe esta renovada fuerza? ¿Son estos partidos políticos, líderes carismáticos y sus movimientos una amenaza para las democracias liberales modernas? ¿Es la derecha radical una nueva forma de fascismo o se trata de una forma completamente distinta de hacer política?

Ideología y propuesta programática

A lo largo del mundo, los partidos y movimientos políticos de derecha radical se manifiestan de muchas maneras. Sin embargo, existe algo que todos comparten: el etnonacionalismo.

La mayor parte de los programas políticos de derecha radical se dirigen al reforzamiento de la identidad nacional por medio de la promoción de la homogeneidad étnica y el regreso a los valores tradicionales.

Adicionalmente, la derecha radical suele ser populista y acusar a las élites de poner los intereses internacionales por sobre los intereses de la nación. De la misma forma, les acusan de privilegiar sus propios intereses personales por sobre los intereses del pueblo.

Así, la derecha radical se caracteriza fundamentalmente por su xenofobia etnonacionalista y por su discurso populista anti-establishment. Este es el núcleo de su ideología y su programa político, que suele derivar en un autoritarismo sociocultural que protege la ley, el orden y los valores familiares (tradicionales).

La derecha radical defiende el derecho de las mayorías nacionales a proteger su identidad cultural ante supuestas amenazas que la ponen en riesgo: la inmigración, las entidades supranacionales (p. ej.: la Unión Europea o la Organización de las Naciones Unidas), las corporaciones multinacionales, la globalización económica y, en general, el cosmopolitismo.

Si bien las organizaciones y partidos de derecha radical no son abiertamente anti-democráticos, su programa político monista (con escasa tolerancia por la diferencia sociocultural) es incompatible con la democracia liberal y se opone a los valores igualitaristas y universalistas.

Se puede hacer una diferencia entre dos diferentes tipos de extremismos de derecha: (I) uno que se opone a la democracia [extrema derecha] y (II) uno que no se opone explícitamente a la democracia, pero que es hostil a la forma en la que la democracia funciona en las sociedades contemporáneas [derecha radical].

Nacionalismo y exclusión étnica

La derecha radical le da mayor valor a los asuntos socioculturales, en especial a aquellos que se vinculan con la identidad nacional. En específico, construye su discurso en torno a una noción particular de «etnopluralismo». A saber, que es necesario mantener separadas a las culturas (y etnias) para poder preservar sus características nacionales únicas.

Según esta perspectiva, la coexistencia de diferentes etnias puede llevar a la extinción de la cultura nacional. Esta visión puede solaparse fácilmente con el racismo, sin embargo, quienes la sostienen recalcan que las diferencias entre las etnias no implican, necesariamente, la superioridad de una raza por sobre otra. Vale decir, la derecha radical se caracteriza por rechazar la idea de subordinación (jerarquía sociocultural) y, en cambio, abrazar la idea de expulsión (incompatibilidad cultural).

Así, los líderes y simpatizantes de la derecha radical defienden el derecho de las culturas nacionales (nativas) de proteger su identidad cultural frente a la amenaza de, por ejemplo, la inmigración (que es vista como una «invasión»).

Los mensajes anti-inmigración se encuentran en el centro del discurso de la derecha radical y suelen aparecer en alguna de las siguientes formas:

  1. Percepción de la inmigración como amenaza para la identidad nacional;
  2. Percepción del inmigrante como causa del aumento en las tasas de criminalidad y otras formas de inseguridad social;
  3. Percepción del inmigrante como causa del desempleo; y
  4. Percepción del inmigrante como un huésped ingrato que se aprovecha de la generosidad del Estado de Bienestar de las democracias modernas.

Ante estos «problemas», muchos partidos de derecha radical promueven ideas como el trato preferencial para el ciudadano «nativo» en lo que respecta al acceso a servicios de salud, vivienda, empleo, entre otros.

Populismo

Algunos investigadores han argumentado que el populismo es una característica central de los nuevos movimientos de derecha radical. Esto se debe a que estos partidos suelen acusar la existencia de una división social entre el «pueblo puro» y un «élite corrupta» (Ver aquí).

Además, la estrategia «anti-establishment» ha sido crucial para propulsar las carreras de sus líderes, quienes se oponen abiertamente a la «clase política» mientras intentan ocultar sus aspiraciones anti-democráticas.

En un deseo por crear distancia entre ellos y los partidos políticos establecidos, los partidos de derecha radical buscan recodificar el espacio político (y su diversidad) en un sola clase política homogénea. Para lograrlo, usualmente argumentan que las diferencias entre los partidos de gobierno y la oposición oficial son diferencias superficiales sobre asuntos de menor importancia.

El problema «real», aseguran, es el problema de la identidad nacional y el multiculturalismo que amenaza la «verdadera democracia» y los valores familiares tradicionales. Esta visión antagonista de la democracia, sin embargo, pone en riesgo la capacidad de compromiso y negociación que caracteriza a los regímenes democráticos liberales.

¿Un nuevo nombre para el fascismo?

Algunas personas piensan que los nuevos movimientos de derecha radical en América Latina, Estados Unidos y Europa son manifestaciones modernas del fascismo. Esto no es del todo correcto.

Si bien los movimientos de derecha radical se caracterizan por un populismo etnonacionalista, este es menos agresivo y menos expansivo que aquel que caracterizó a los movimientos fascistas del siglo XX.

La búsqueda de la pureza racial, la homogeneidad y el orden orgánico ciertamente acercan a la derecha radical a la tradición fascista, pero la ausencia de algunos elementos discursivos los distinguen claramente.

Las diferencias ideológicas entre el fascismo y la derecha radical pueden observarse más distintamente en lo que respecta al «mito del renacimiento» que es propio del fascismo. Mientras que el fascismo apela a un sentimiento de «nuevo comienzo» y mira hacia una utopía en el futuro, la derecha radical no busca reemplazar la democracia por un nuevo orden. Por el contrario, busca detener el avance de cambios estructurales que alejan a la sociedad del status quo.

Los partidos políticos de extrema derecha no son fascistas, pero sí son afines al fascismo. Es un hecho innegable que, dentro de su cultura de activismo y movilización, la derecha radical comparte múltiples espacios e interacciones con los movimientos neo-fascistas.

El votante de la derecha radical

Se saben algunas cosas importantes sobre el tipo de votante al que apelan los partidos políticos de derecha radical a lo largo del mundo. La principal razón por la que los ciudadanos votan por los partidos de derecha radical es la existencia de un sentimiento anti-inmigración fuerte.

Sabemos, además, que los votantes de la derecha radical suelen ser varones, de la clase trabajadora y contar con un bajo nivel educacional. Este tipo de votantes se siente atraído por los programas socioculturales de los partidos de derecha radical, principalmente por sus políticas nacionalistas y de rechazo a la inmigración. Las preferencias de política económica, para ellos, juegan un rol secundario.

De esta forma, los partidos de extrema derecha tienen mayores probabilidades de triunfar en escenarios locales y nacionales en los que la discusión sobre la política económica (y sus distintas alternativas) ya no es predominante. Esto suele pasar en sistemas políticos en los que los partidos alcanzan un «amplio consenso» y adquieren posiciones moderadas a lo largo del tiempo.

En aquellos países en los que la discusión socioeconómica ha perdido importancia, la cuestión sociocultural ha cobrado mayor fuerza. Es precisamente en este tipo de sociedades en las que se ha visto un auge en la capacidad movilizadora de la derecha radical. Así, la despolitización de la dimensión socioeconómica puede ser considerada como un factor relevante en el éxito que han tenido los extremismos de derecha.

Por supuesto, en aquellos países en los que la inmigración se ha convertido en un tema importante de discusión a nivel nacional, los partidos políticos de derecha radical tienden a obtener grandes beneficios en el ámbito electoral.

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