¿Qué es el Fascismo?

En la actualidad, nuevos partidos políticos y liderazgos emergentes como Marine Le Pen (Agrupación Nacional de Francia) o Donald Trump (Partido Republicano, EE. UU.) han sido calificados como “fascistas”. Sin embargo, aun cuando estos actores políticos comparten algunos elementos de esta ideología (p. ej. el nacionalismo) ¿es apropiado llamarles fascistas? ¿o acaso pueden ser mejor clasificados bajo otros términos como, por ejemplo, “extrema derecha”? ¿Existe el fascismo todavía en el siglo XXI o es una ideología muerta? A continuación, te presentamos las características principales de esta ideología para que puedas formar tu propia opinión.

Pues bien ¿qué es el fascismo? En su núcleo, el fascismo es una ideología política que se despliega en tres ideas centrales:

  1. La noción de “nuevo hombre”;
  2. El nacionalismo; y
  3. La reconciliación de clases y el progreso económico

Sin embargo, antes de entrar en detalle en estas tres dimensiones clave, es conveniente recordar los orígenes históricos de este peculiar sistema de pensamiento político.

Los primeros movimientos fascistas surgieron a inicios del siglo veinte en Europa, después de la Primera Guerra Mundial (1914-1918).

El Partido Nacional Fascista italiano (PNF), fundado en 1921 en torno a la figura de Benito Mussolini, llegó al poder en Italia el 28 de octubre de 1922.

En Alemania, por otro lado, el Partido Nacional Socialista Obrero Alemán (NSDAP) se fundó en 1920 y llegó al poder en 1933, año en el que Adolf Hitler fue nombrado canciller.

Existe un consenso amplio sobre el hecho de que estos dos movimientos políticos europeos pueden ser considerados como el punto de origen histórico del fascismo.

Tanto el partido fascista italiano como el partido nacional socialista alemán presentan muchas similitudes. Ambos tuvieron líderes fuertes y carismáticos, movilizaron a las masas populares, y promovieron abiertamente la segregación racial y la supremacía blanca.

Con todo, ninguno de estos elementos es una característica esencial del fascismo, sino que, más bien, son atributos secundarios. A continuación, profundizaremos en las características nucleares enunciadas al inicio. Vale decir, aquellas que constituyen lo que el fascismo es.

La noción de “nuevo hombre”

Tanto Hitler como Mussolini suscribieron a la idea de que un “nuevo hombre” tendría que elevarse por sobre las masas para liderarlas en el camino hacia el progreso. Esta idea estuvo influenciada por un sentimiento de superioridad de las élites por sobre el pueblo llano y por la creencia de la superioridad del hombre blanco por sobre las demás etnias.

De esta forma, el fascismo clasifica a las personas en jerarquías según sus rasgos biológicos o determinadas características culturales. Se propone diseñar un nuevo tipo de ciudadano, superior en todo sentido. Adicionalmente, promete la unificación del pueblo y su salvación bajo el liderazgo de un líder o un pequeño grupo privilegiado (mejor provisto genéticamente, intelectualmente, culturalmente, etc.).

Una parte importante de la noción del “nuevo hombre” en el fascismo está vinculada con el uso de la violencia. La violencia fue vista como un aspecto esencial para crear vínculos de fraternidad y obediencia dentro de grupos paramilitares.

Este tipo de prácticas fueron esenciales para movilizar, motivar y preparar a los ciudadanos para el combate en contra de sus “enemigos” y defender el nuevo ideal de la nación. De esta forma, el fascismo recurre a la fuerza física para imponer su voluntad y asegurar que se ejecuten los cambios estructurales que promueve.

Nacionalismo

La nación y su expansión están en el centro del pensamiento fascista. Sin embargo, existen diferencias en la forma en la que los distintos movimientos fascistas pueden concebir a la nación. Mientras que el fascismo de Mussolini se caracteriza por un nacionalismo de tipo cultural, el Nacional Socialismo Alemán adoptó un nacionalismo basado en diferencias biológicas y de raza (que excluía a los judíos y a otros “enemigos raciales” de la comunidad nacional).

El discurso nacionalista del fascismo sirve, en general, a dos propósitos principales: la movilización social en contra de un “enemigo” de la nación y, al mismo tiempo, la unificación del pueblo en torno a una única causa común. La creación de mitos en torno a la existencia de una identidad nacional “pura” sirvió al fascismo para justificar sus ambiciones geopolíticas y defender su agenda expansionista.

Reconciliación y progreso

Aun cuando el fascismo rechaza el materialismo de ideologías como el liberalismo y el marxismo, la prosperidad económica es central para este sistema político. La prosperidad económica de la nación es un elemento clave en el fascismo, porque garantiza el apoyo popular de las masas y porque provee de los recursos necesarios para mantener y aumentar el poder del gobierno.

En cierto sentido, el fascismo busca implementar un programa político que puede considerarse una “tercera vía” frente al capitalismo y al comunismo. Este camino alternativo se basa en el corporativismo, una alianza entre la burguesía y las clases obreras.

En este sentido, el fascismo defiende la intervención estatal de la economía para fomentar y dinamizar el mercado en favor de los objetivos de la nación. Esta especie de “Keynesianismo autoritario” esta orientado, además, a reducir la desigualdad social y, por tanto, a aplacar los potenciales conflictos que pudiesen aparecer entre las clases sociales más ricas y las masas desposeídas.

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