La distinción política «izquierda-derecha» y su relevancia

En el lenguaje cotidiano, los términos «izquierda» y «derecha» se emplean de forma habitual en las discusiones políticas como atajos mentales para diferenciar rápidamente las posiciones que adoptan las personas, candidatos o partidos.

Cuando escuchamos que una persona defiende medidas que promueven la redistribución de la riqueza o el aumento de los impuestos para los más ricos, solemos asociar a esa persona con la «izquierda» en el espectro político. Por otro lado, una personas que defiende los valores tradicionales de la familia y prefiere vivir en una sociedad que premia el mérito individual suele ser catalogada como una persona de «derecha».

Estos son, sin embargo, sólo ejemplos. Dependiendo del país e incluso del momento histórico, ser de derecha o de izquierda puede significar cosas muy distintas. ¿Qué hace que un partido político, movimiento o persona sean de izquierda? ¿o de derecha? ¿Cuál es, en definitiva, el criterio que permite diferenciarles?

¿Es relevante la distinción «izquierda/derecha» en política?

«Izquierda» y «Derecha» son dos términos que han sido empleados de forma antagónica por más de dos siglos en el ámbito de la política. Se usan, habitualmente, para marcar el contraste entre ideologías o movimientos que dividen el mundo político tanto teórica como prácticamente.

En tanto cada término es la antítesis de su rival, ambos son mutuamente excluyentes. Vale decir, una persona no puede ser, al mismo tiempo, de izquierda y de derecha. Solo se puede ser una de las dos.

Así, el paisaje político se encuentra caracterizado, a lo largo del mundo, por esta gran dicotomía que presenta dos partes de un conflicto. Si bien la distinción entre izquierda y derecha no es la única distinción que existe en política, es una que podemos encontrar en todas partes.

Pese a ello, en la actualidad muchas personas cuestionan la relevancia de esta distinción, tanto en términos prácticos como en términos analíticos; y llegan a afirmar, incluso, que «izquierda» y «derecha» son conceptos vacíos de significado y utilidad.

Hay varios motivos que explican por qué estos términos suscitan sospechas. Se dice, por ejemplo, que la distinción no tiene peso porque nos encontramos en una época en la que las ideologías políticas están en crisis. Adicionalmente, se ha sostenido que, ante la complejidad del mundo político moderno, las categorías «izquierda» y «derecha» se han vuelto inapropiadas para describir el espectro político (incluso si se considera la existencia de un «centro» político, que actúa como un espacio intermedio que no es ni lo uno ni lo otro).

Hay quienes rechazan la utilidad de la dicotomía «izquierda/derecha» porque, ante los nuevos problemas políticos, pareciera haber perdido su poder descriptivo. Existen, de hecho, nuevos movimientos políticos que parecen no dejarse catalogar según este espectro. ¿Es el movimiento ecologista de derecha o de izquierda? Ninguna de las dos. Los movimientos verdes son movimientos transversales.

Se puede decir, si se quiere, que hay ecologismos de derecha y ecologismos de izquierda. La mayor parte de los partidos políticos, sean de izquierda o de derecha, han adoptado como propios los desafíos de los movimientos ecologistas y los han incluido dentro de sus programas políticos. Quizás, simplemente añadiéndoles a su propio proyecto ideológico.

Por último, se dice que es necesario rechazar las categorías «izquierda» y «derecha» porque tales etiquetas se han vuelto pura ficción dado que, los movimientos de izquierda y derecha , enfrentados a las crisis actuales, apoyan más o menos las mismas cosas, formulan programas similares y proponen los mismos fines.

Si así fuera, el espectro «izquierda» y «derecha» perdería gran parte de su significado y no tendría razón de existir porque no habría diferencias fundamentales entre las cuales decidir. Sin embargo, las disputas entre «derecha» e «izquierda» no son artificiales. Al contrario, y como veremos a continuación, la distinción es relevante y en ella se juegan asuntos con profundas consecuencias.

¿Igualdad o desigualdad?

El criterio que se usa con mayor frecuencia para distinguir entre la izquierda y la derecha es la actitud que tienen las personas hacia la idea de igualdad. La idea de igualdad, junto a las ideas de paz y libertad, es uno de los objetivos últimos por los que muchas personas personas están dispuestas a enfrentarse.

El concepto de igualdad es, necesariamente, relativo. Esto se debe a que es tan abstracto que puede ser interpretado de muchas formas y, por supuesto, su valor depende del tipo de interpretación de la que se este hablando: ¿Igualdad entre quienes? ¿Igualdad de qué? ¿Y sobre la base de qué criterios? Estás son preguntas fundamentales para interpretar la idea de igualdad que se tiene en mente.

Al combinar las diferentes respuestas que se le puede dar a tales preguntas es posible obtener muchas variaciones igualitarias. Los iguales pueden ser muchos o unos pocos; el criterio puede ser rango, mérito, necesidad, trabajo u otro.

El lema del comunismo de Marx, por ejemplo, fue «a todos conforme su necesidad». Y su fundamento fue la creencia de que todos humanos son iguales en función de sus necesidades materiales.

Como se ve, el ideal de igualdad requiere especificar a qué sujetos se refiere, los beneficios o derechos que serán distribuidos y, por supuesto, el criterio mediante el cual serán asignados.

Las doctrinas políticas pueden ser clasificadas (y lo son) según si son más o menos igualitarias, la cantidad de personas que consideran como iguales, la cantidad de beneficios que la condición de igualdad implica y, como se ha dicho ya, el criterio mediante el cuál se asignan los beneficios.

Cuando se dice que la izquierda es igualitaria y la derecha no es igualitaria, no se dice que la izquierda proclama que todas las personas son iguales en todos los aspectos posibles. Esto sería equivalente a sostener una visión utópica equivalente a lo que se puede llamar: igualitarianismo.

Las doctrinas igualitarias no son, necesariamente, igualitarianistas. La izquierda igualitaria tiende a promover la reducción de la desigualdad social y a tratar de contrarrestar los efectos perniciosos de las desigualdades naturales entre las personas. Sin embargo, no persigue este fin de manera dogmática.

En toda sociedad existen desigualdades naturales, algunas pueden ser corregidas y otras no. También existen desigualdades sociales y, mientras que algunas pueden ser eliminadas, otras solo pueden ser desalentadas (en especial aquellas que son consecuencia de las decisiones personales).

Cuando se dice que la izquierda tiene una tendencia a buscar la eliminación de las desigualdades, esto no significa que busque acabar con todas las desigualdades. Alternativamente, tampoco significa que la derecha busque perpetuar todas las desigualdades. Solo significa que la izquierda es más igualitaria, mientras que la derecha es menos igualitaria.

Esta es una tendencia que atraviesa casi a todas las sociedades y puede ser considerada como una actitud o toma de posición frente a la constatación de un simple hecho: los humanos son, al mismo tiempo, iguales en algunos aspectos y desiguales en otros.

Como tendencia general, la izquierda ve más valor en aquello que los humanos tenemos en común que en aquello que nos diferencia y, correspondientemente, la derecha suele ver más valor en aquello que nos diferencia que en aquello que nos hace similares. Mientras que para unos es importante la igualdad, para otros es importante la diversidad.

El conflicto entre ambas posturas (izquierda y derecha) aparece porque existen personas que creen que los humanos son más iguales que diferentes, mientras que hay personas que creen que los humanos son más diferentes que iguales.

El movimiento feminista, por ejemplo, suele ser asociado a la izquierda porque (en la mayoría de los casos) es un movimiento igualitario. Su fuerza se deriva de la creencia en que las diferencias entre hombres y mujeres (y los perjuicios que estas diferencias tienen sobre el género femenino) son diferencias sociales que pueden ser modificadas y corregidas.

La derecha, en cambio, es más proclive a considerar que las diferencias entre hombres y mujeres son diferencias naturales o diferencias asociadas a las costumbres, la tradición o la fuerza de la historia. Y, por ello, están más dispuestos a aceptarlas.

La disputa entre igualitarios y no igualitarios consiste en el enfrentamiento de argumentos a favor o en contra de la introducción de determinadas discriminaciones y sus fundamentos (o la ausencia de ellos). Mientras que los igualitaristas están más dispuestos a defender la igualdad en el trato, aquellos que no lo son están más dispuestos a aceptar el trato desigual en función de diferencias como, por ejemplo, clase, etnia, género, nacionalidad, etc.

Sin importar si uno cree personalmente que la igualdad es buena o mala, es posible observar que la discusión en torno a esta dimensión es aquello que orienta el debate entre la izquierda y la derecha.

¿Libertad o autoritarismo?

Si limitamos la discusión política al eje «igualdad / desigualdad», sin embargo, no estamos observando el panorama completo. En efecto, nos estaríamos perdiendo gran parte de la discusión. A menudo, la igualdad es acoplada al ideal de libertad, que también se considera un bien superior y un fin último.

La discusión sobre la libertad puede resumirse en dos preguntas importantes: I) ¿Todos deben ser libres? y II) ¿Qué significa ser libre? Solo si se responden estas preguntas podemos observar que existen situaciones en las que la libertad y la igualdad son compatibles, y situaciones en las que son mutuamente excluyentes (y, por tanto, se debe escoger entre una y la otra).

Hoy en día nos encontramos en sociedades en las que se exalta la libertad, sobre todo la libertad económica. Sin embargo, ni la libertad ni la igualdad se pueden llevar hasta sus últimas consecuencias sin que la implementación de una resulte en la restricción de la otra.

Un claro ejemplo de este problema es la tensión entre la libertad y la seguridad. Ambos son bienes deseables y, sin embargo, están en conflicto. Por lo tanto, es necesario alcanzar un compromiso entre los dos y evitar los extremos indeseables del totalitarismo, por un lado, y la anarquía, por el otro.

Existen muchos ejemplos en los que se demuestra que algunas medidas igualitarias pueden disminuir la libertad (p. ej: impuestos progresivos) y que, alternativamente, algunas medidas liberales pueden provocar aumentos en la desigualdad social (p. ej: desregulación del mercado).

Las restricciones en materia de libertad que se introducen para aumentar la igualdad suelen afectar más a los ricos que a los pobres. Si bien ambos se ven afectados en teoría, en la práctica los ricos pierden libertades que sí están disfrutando mientras que los pobres solamente pierden «libertades en potencia».

Esto no quiere decir que las medidas igualitarias siempre restrinjan las libertades. La extensión del voto a las mujeres, por ejemplo, produce un escenario de igualdad política que no disminuye la libertad de votar de los hombres. Al mismo tiempo, el reconocimiento de derechos personales a los inmigrantes no disminuye los derechos personales de los ciudadanos.

Libertad e igualdad son dos fines importantes para una sociedad, pero no se encuentran en la misma categoría. Mientras que la libertad, por un lado, es personal, la igualdad, por el otro lado, refiere a una relación entre dos o más entidades. Se puede decir «X es libre», pero no se puede decir «X es igual» ¿Igual a quién?

Esto explica porque la libertad puede ser considerada un bien personal, mientras que la igualdad es un bien colectivo o social.

El panorama general: moderados y radicales

La distinción entre igualdad y desigualdad ha dado lugar a doctrinas y movimientos políticos igualitarios y no igualitarios. Al mismo tiempo, la distinción entre libertad y autoritarismo ha dado lugar a doctrinas y movimientos políticos liberales o autoritarios.

Como se ha visto, uno puede distinguir entre izquierda y derecha usando la distinción entre igualdad y desigualdad. Sin embargo, no se puede hacer lo mismo con la distinción entre libertad y autoridad. Existen movimientos autoritarios tanto de derecha como de izquierda, así como existen liberalismos de derecha y de izquierda.

La preferencia por gobiernos democráticos que protegen los derechos civiles y políticos, por un lado, o gobiernos autoritarios que los transgreden nos permite distinguir entre movimientos políticos moderados o radicales. Son los movimientos de extrema derecha o extrema izquierda los que, usualmente, buscan la implementación de regímenes políticos autoritarios; mientras que, son las derechas e izquierdas moderadas las que defienden las vías democráticas.

Así, las diferencias de opinión respecto al ideal de igualdad nos permiten distinguir entre derecha e izquierda, mientras que las diferencias de opinión sobre el ideal de libertad son relevantes para distinguir las facciones moderadas de las extremas.

Entonces, uno podría resumir el espectro político que resulta del cruce de estas dos dimensiones en cuatro doctrinas o movimientos políticos:

  1. La extrema izquierda, que es igualitaria y autoritaria;
  2. La centro-izquierda, que es igualitaria pero liberal;
  3. La centro-derecha, que es liberal pero no igualitaria; y
  4. La extrema derecha, que es anti-liberal y anti-igualitaria.

Claramente, la realidad es mucho más compleja que este simple esquema, basado tan solo en dos criterios. Sin embargo, estos dos criterios son fundamentales para la política y juntos constituyen un modelo que es capaz de aclarar la distinción entre izquierda y derecha.

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