El sentido de la política: Schmitt, Arendt y Rancière

¿Qué es la política? Desde los diálogos de Platón en adelante, pasando por pensadores clásicos, modernos y contemporáneos, está pregunta ha estado en el núcleo de la Teoría y la Filosofía Política. Podría decirse, también, que es una de las preguntas perennes que ha intentado resolver la Ciencia Política. Esto se debe a que la disciplina, necesariamente, está determinada por la definición de lo que constituye su objeto de estudio.

¿Tenemos una respuesta para esta pregunta? Sí y no. La verdad es que no existe una sola respuesta, sino que múltiples. Estás múltiples respuestas, a su vez, se derivan de las diferentes nociones de la naturaleza humana que existen en las distintas tradiciones del pensamiento político. Como sugiere Graham Wallas, cada uno de los grandes pensadores del pasado:

(…) tenía su propia visión de la naturaleza humana, de la que hacía el fundamento de sus especulaciones sobre el gobierno.

Wallas 1921, páginas 15-16.

A grandes rasgos, las diferentes visiones sobre la naturaleza humana pueden agruparse en dos grandes corrientes. Por un lado, aquellas que consideran al hombre «bueno por naturaleza» y, por el otro lado, aquellas que le consideran «malo por naturaleza». Bajo esta clasificación, «bueno» es sinónimo de inofensivo o inocente, mientras que «malo» puede entenderse como problemático o amenazante.

Lo que predomina en la gran mayoría de los pensadores políticos (con algunas excepciones) es el pesimismo antropológico. Vale decir, la idea de que la condición natural de la especia humana es problemática. Si este no fuera el caso (si asumimos la postura de una antropología completamente «optimista») ¿habría necesidad alguna de un orden político? Probablemente no.

A continuación, revisaremos tres nociones de política que se encuentran vigentes en el debate contemporáneo. A saber, la definición que Carl Schmitt presenta en El Concepto de lo Político (1991); la de Hannah Arendt en ¿Qué es la Política? (2014) y La Condición Humana (1993); y la de Jacques Rancière en El Desacuerdo (1996).

Carl Schmitt: El Concepto de lo Político

En El Concepto de lo Político (1991), Schmitt rechaza la noción moderna de que lo político es asimilable a lo estatal. En la modernidad, sugiere, el concepto de lo político perdió su significado original y es empleado actualmente para referir a las actividades que tienen relación con el Estado. Schmitt es un fuerte crítico de esta homologación de lo político con lo estatal, preponderante en tradición alemana de su época.

El Estado es político, pero no todo lo político es estatal. La equiparación del Estado con lo político es en extremo insatisfactoria para Schmitt porque no permite establecer el fundamento de ningún atributo específicamente político y distintivo.

Schmitt se propone un concepto de lo político que ponga de manifiesto categorías exclusivamente políticas. Para Schmitt, la distinción a la que “pueden reconducirse todas las acciones y motivos políticos” es la distinción “amigo-enemigo” (1991, página 56).

Las categorías “amigo-enemigo” son eminentemente políticas porque son ajenas a las distinciones introducidas por los juicios morales, estéticos y económicos. El sentido de la distinción “amigo-enemigo”, presentada por Schmitt, es delimitar el grado máximo de unión o separación, de asociación o disociación. Si bien las categorías se pueden apilar una sobre otra (por ejemplo, el enemigo puede ser «bueno» o «bello»), los atributos de la moral, la estética y la economía son diferentes a los de la política.

El enemigo es el “otro”, el extraño. La política tiene su fundamento en la construcción de una identidad de grupo que solo es posible en la institución de una “alteridad”: un grupo humano ajeno en sentido existencial. Para la constitución de un “nosotros” es necesaria la afirmación de un “otro” relacional que se constituye exteriormente.

Las categorías políticas de “amigo-enemigo” de Schmitt son categorías que se deducen de un análisis realista, empírico y existencial. El “otro” solo existe como la negación del propio modo de existencia y abre la posibilidad (pero no la necesidad) de un conflicto que solo puede resolverse por la eliminación del “enemigo”. El “enemigo” es, así, tanto el principio de constitución del “nosotros” como la constante amenaza de su extinción. Provoca un rechazo natural y una disposición combativa.

En palabras del mismo Schmitt, el enemigo es:

(…) sólo un conjunto de hombres que siquiera eventualmente, esto es, de acuerdo con una posibilidad real, se opone combativamente a otro conjunto análogo.

Carl Schmitt 1991, página 58.

Hanna Arendt: La Política como Acción

De manera análoga a Schmitt, Arendt rechaza la idea de que la política y lo estatal sean términos intercambiables. Sin embargo, mientras que para Schmitt todo Estado es político, para Arendt el carácter político de los Estados modernos puede ser puesto en duda. En otras palabras, el que exista un Estado no asegura que exista política.

Arendt rompe con la tradición moderna al sugerir que la política tiene poco que ver con la subsistencia de la sociedad y la seguridad del individuo. En este punto, se opone tanto al contractualismo como a Schmitt.

Arendt sugiere que, luego de las experiencias totalitarias del siglo XX, es momento de volver a pensar sobre qué es la política y cuál es su verdadero sentido. En ¿Qué es la Política? sostiene que, si el sentido de la política fuese la subsistencia de la humanidad, entonces la política ha perdido todo propósito ya que es la “politización” lo que amenaza a la especie humana (por ejemplo, en un Estado totalitario).

La política, dice Arendt, “no es en absoluto una obviedad ni se encuentra dondequiera que los hombres convivan” (2014, página. 68). No es un instrumento al servicio de una finalidad superior. La política, para Arendt, es una forma particular de vida humana.

La noción de la política como aquella actividad humana que asegura la existencia y la satisfacción de las necesidades biológicas es, para Arendt, completamente errada. La política no es una herramienta para asegurar la subsistencia humana. La política tampoco ha existido siempre. Solo ha existido, según Arendt, en algunas “grandes épocas”.

La política, según esta autora, solo puede existir a partir del momento en que se acaban las necesidades materiales. En La Condición Humana (1993), Arendt sostiene que existen tres actividades que caracterizan la vita activa de los seres humanos:

  1. Labor: corresponde al proceso biológico del cuerpo humano, su crecimiento, sus necesidades vitales, la vida animal misma;
  2. Trabajo: cuyo ejercicio supera la inmersión propia de la vida misma y requiere de una intervención en las circunstancias naturales en las que se inscribe la existencia humana; y
  3. Acción: propia de la interacción entre los hombres y ajena a la mediación de lo material. Solo en la acción Arendt reconoce la existencia de la política, porque es la única actividad en la que el hombre es realmente libre.

La acción es, para Arendt, la única actividad en la que el ser humano puede ser realmente independiente de las necesidades materiales y físicas de la vida. Es, además, la única actividad que es exclusiva del hombre, ya que es la única que requiere de la presencia de los demás hombres y solo puede realizarse en la pluralidad de la condición humana.

El mundo político, para Arendt, es un mundo en el que prevalecen cierto tipo de relaciones humanas específicas, caracterizadas por ser autónomas, indeterminadas e impredecibles.

¿Qué es, entonces, la política para Arendt? En primer lugar, la política poco tiene que ver con el concepto moderno de Estado y la visión weberiana del monopolio de la fuerza. Para Arendt el uso de la fuerza y la violencia como método de mando son formas pre-políticas de relacionarse. La estructura de mando vertical y jerárquica propia de algunos Estados despóticos es, para esta pensadora, lo opuesto de lo verdaderamente político.

La forma de vida propiamente política es aquella en la que el habla y el discurso tienen un papel primordial. Para Arendt, la política refiere a la constitución de un espacio de relación con el otro, que cumple con ciertas condiciones. La primera de ellas es que se accede a este espacio mediante el uso de la palabra razonada, puesto que es la palabra la que permite poner en común las opiniones y la toma de decisiones como acción concertada.

En síntesis, lo propiamente político es la posibilidad de aparecer mediante el discurso libre e igual y concertar la acción. Y, para poder hacer esto, es necesaria la existencia de otros seres que se reconozcan como iguales. Es por esto que es posible afirmar que, para Arendt, la política solo puede darse entre personas en igualdad de condiciones respecto de la legitimidad de su palabra.

Rancière: Policía, Política y Subjetivación

Si la política es una forma específica de las relaciones humanas, lo es porque requiere el reconocimiento de que el “otro” aparece en el espacio público como un igual. Solo en la medida en que los seres parlantes se reconocen intersubjetivamente como participantes de una acción común es posible que se establezca aquel espacio de diálogo característico de la política.

El reconocimiento de esta cualidad en el otro desempeña un papel muy importante. El diálogo, la deliberación y el consenso solo son posibles frente a otro que es un igual. Este es uno de los más poderosos argumentos empleados en la historia de la revolución democrática para ampliar los derechos políticos a los grupos sociales excluidos.

En El Desacuerdo, Rancière sugiere que, cuando las condiciones de igualdad no se cumple, estamos ante una falsa oposición entre hombres dotados y otros seres limitados. Y se instituye una comunidad como un antagonismo de “partes de la comunidad que no son verdaderas partes del cuerpo social” (1996, 35).

Rancière establece una distinción relevante entre «policía» y «política». El primer concepto refiere al conjunto de procesos mediante los que se efectúa la organización de las colectividades y de los poderes, la distribución de los lugares y las funciones, y los sistemas de legitimación del reparto de lo sensible. El segundo concepto, en cambio, es entendido como una actividad antagónica a la policía. La política rompe con la configuración de los sensible y, por tanto, con la definición de las partes o su ausencia.

La política, dice Rancière, desplaza al cuerpo del lugar que le fue asignado, hace ver lo que no podía ser visto y escuchar lo que no podía ser escuchado. Permite escuchar un discurso donde solo había ruido o, más bien, un discurso que solo era escuchado como nada más que ruido.

El procedimiento mediante el cual Rancière sostiene que se lleva a cabo esta actividad política es el procedimiento de subjetivación, anclado en la presunción de la igualdad. La política sería así una acción de verificación de una igualdad supuesta. En lo que respecta al proceso de subjetivación política, esta no debe entenderse como la articulación de un grupo particular por la lucha del poder, sino que corresponde al proceso mediante el cual se deshacen y se recomponen las relaciones entre los modos de hacer, ser y decir.

La política se trata, en términos simples, de producir escenarios polémicos, paradójicos, que ponen de relieve la contradicción del orden policial y cuestionan la supuesta pertenencia a una comunidad.

Este artículo se basa en las siguientes fuentes de información:

  • Arendt, Hannah. La Condición Humana. Barcelona: Paidós, 1993.
  • Arendt, Hannah. ¿Qué es la política? Barcelona: Paidós, 2014.
  • Carl, Schmitt. El Concepto de lo Político. Madrid : Alianza, 1991.
  • Rancière, Jacques. El Desacuerdo. Política y Filosofía. Buenos Aires: Nueva Visión, 1996.
  • Wallas, Graham. Human Nature in Politics. California: University of California Libraries, 1921.

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